¿Es normal sentir ansiedad?

Si estás leyendo este artículo, seguramente estés acostumbrado a ir corriendo de un lado para otro, a pensar en mil cosas a la vez o sientes que no tienes tiempo para nada más. Y es que, viviendo en este mundo permanentemente preocupado por anticipar el futuro, por aumentar el rendimiento, por sentirse competente y estar a la altura de las circunstancias, por la competitividad que nos rodea, por la consecución de objetivos personales, académicos o profesionales, por la conciliación familiar o por cumplir con miles de responsabilidades, ¿cómo no vas a sentir ansiedad?

Es completamente normal que te preocupes cuando las situaciones se complican, cuando estás cerca de experimentar un acontecimiento importante, cuando le das vueltas a los temas que te quitan el sueño de vez en cuando, sentir inquietud o nerviosismo… todos estos pueden ser claros síntomas de ansiedad leve. Sin embargo, si las preocupaciones empiezan a volverse abrumadoras, si empiezas a sentir que están tomando el control de tu vida y afectando a tus decisiones diarias, si estás empezando a sufrir síntomas físicos o, incluso, empiezas a tener momentos de miedo, fobias o pánico, entonces puedes estar sufriendo un trastorno de ansiedad. Experimentar síntomas de ansiedad leve no implica estar sufriendo un Trastorno de Ansiedad.

¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es necesaria e inherente en el ser humano, es un mecanismo de defensa que nos pone en estado de alerta frente a un posible peligro, con el objetivo de protegernos o minimizar las consecuencias.
Desde la prehistoria, el ser humano está programado para sobrevivir, y de hecho, se ha podido enfrentar con más o menos éxito a numerosos peligros gracias a este tipo de respuestas emocionales como la ansiedad y el estrés, que conllevan la segregación de hormonas como la adrenalina y el cortisol. La función principal de dichas sustancias consistía en que nuestro organismo pudiera reaccionar lo más rápido posible frente al peligro, huir de la amenaza o nos atreviéramos a luchar cuando nos enfrentábamos a un depredador.
Hasta aquí todo bien, pero ¿qué pasa cuando en la actualidad anticipamos las amenazas y las interpretamos como “el depredador” que anda al acecho todo el día? Lo que ocurre es que, sin ser necesarias realmente, segregamos estas sustancias que nos provocan sintomatología ansiosa, y ahí está el verdadero riesgo para la salud.

¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad?
En primer lugar, insistimos en que es diferente experimentar síntomas de ansiedad y padecer algún tipo de Trastorno de Ansiedad (Trastorno de Ansiedad Generalizada, Trastorno de Ansiedad Social, Fobias Específicas, Trastorno de Ansiedad por Separación, etc.), de hecho, es posible sufrir más de un Trastorno de Ansiedad a la vez.
Dicho esto, algunos de los síntomas más frecuentes de ansiedad son: sensación de nerviosismo, tensión o agitación, sensación de peligro inminente, sensación de cansancio o debilidad, problemas para mantener la concentración en las tareas diarias por no poder parar de pensar en las preocupaciones, problemas para conciliar el sueño o el sueño no es reparador, problemas gastrointestinales, necesidad de evitar las situaciones que generan ansiedad, aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada, sudoración, temblores, presión en el pecho, “nudo en el estómago”, dolores de cabeza, etc.

¿Cuáles son las causas que desencadenan la ansiedad?
Las causas que pueden desencadenar este tipo de síntomas son también muy variadas. Podemos haber acumulado alguna experiencia traumática no elaborada y aparentemente olvidada, puede deberse al consumo de sustancias o incluso a factores genéticos. También pueden aparecer como consecuencia de una enfermedad que requiere tratamiento, como la diabetes, problemas de tiroides, enfermedad cardiaca o trastornos respiratorios, entre otros. Pero, en la mayoría de los casos, la causa principal es la acumulación de estrés, que mantiene esas hormonas de las que hablábamos con anterioridad, destinadas a protegernos de forma activa todo el día.

¿Cómo afecta la ansiedad a tu organismo?
Si no logramos controlar la ansiedad adecuadamente en nuestro día a día, pasado cierto tiempo, el resultado en nuestro organismo es devastador y directamente proporcional al tiempo que tardamos en ponerle límites. Puede parecer exagerado ¿verdad? Pues aquí tienes una lista de los efectos más comunes que experimenta el organismo debidos al estrés: problemas de garganta, erupciones cutáneas, tensión muscular, cambios de funcionamiento en el hígado, riesgo de sufrir afecciones cardiacas, alteración del metabolismo, daño en el sistema digestivo, daño en el sistema inmune, daño en el sistema nervioso o daño cerebral, afectando a la memoria a corto y largo plazo.
Ponerle freno al estado permanente de estrés y lo antes posible, es más importante de lo que pensamos.

¿Cuándo pedir ayuda?
No es fácil identificar ese momento, puesto que solemos normalizar el hecho de estar estresados, y cada uno intenta aliviar los síntomas como mejor sabe o puede.
Te recomendamos que, tanto si notas que tienes tendencia a sufrir síntomas de ansiedad leve, como si ya eres consciente de que estás padeciendo con más intensidad y frecuencia los síntomas de la ansiedad antes descritos, siempre es un buen momento para aprender a gestionar el estrés correctamente, dejar de sufrir la sintomatología ansiosa, y ponerle freno para que no vaya a más.
Recuerda que la ansiedad no es tu enemiga, es más bien tu aliada porque es un mecanismo de defensa muy útil. Posiblemente, cuanto antes aprendas a gestionarlo a tu favor, comprenderás por qué y para qué responde tu organismo de esa manera, y podrás aliviar cuanto antes las molestias y el sufrimiento que conlleva padecer estrés de manera continuada.

¿Cómo se cura la ansiedad?
Probablemente habrás leído ya miles de consejos sobre cómo combatir la ansiedad, vencerla o incluso curarla, pero, como ya hemos explicado, no es algo que deba combatirse, ni vencerse, ni curarse, porque no es un enemigo, ni una enfermedad, sino un mecanismo de defensa, así que lo importante es aprender a gestionarla para transformar el estrés en una respuesta útil.
No tengas miedo de pedir ayuda profesional, nadie nace sabiendo a autogestionarse emocionalmente, y si ya estás empezando a tomarte este problema con la seriedad que requiere, entenderás que lo mejor es pedir ayuda a alguien de confianza, que tenga los conocimientos y la experiencia para que realmente sepa darte las claves para que aprendas a llevar a cabo una buena gestión de tu ansiedad de forma autónoma.
En nuestro caso, por ejemplo, hemos asesorado a personas en diferentes estados de ansiedad, ya que es uno de los motivos por los que nos consultan con más frecuencia, puesto que vivir con cierto nivel de estrés es algo que todos tenemos que aprender a lidiar en el día a día.
Debido a una mayor demanda de las personas que piden ayuda por este motivo, hemos desarrollado el programa Relax&Reset, diseñado específicamente para ayudar a las personas que realmente necesitan aprender a gestionar su ansiedad en el día a día, sin sustos ni sobresaltos… ¡que ya no tenemos que enfrentarnos al depredador real!. Nuestro programa no solo está basado en un seguimiento personalizado y temporizado, en el que se enseñan las herramientas emocionales de transformación del estrés, así como las técnicas de autorregulación adaptadas a cada caso, procurando que la persona aprenda a gestionar de forma autónoma la ansiedad, sino que, además, le mostraremos el efecto que tiene el uso de estas técnicas a través de herramientas de medición biológica de resultados, es decir, logramos medir de forma objetiva, los efectos beneficiosos de la aplicación de dichas técnicas a través del Biofeedback.
En cualquier caso, tanto si sientes que estás en el momento de pedir ayuda como si no, recuerda que experimentar ansiedad es perfectamente normal y necesario en función de la situación que estés viviendo, por lo que no debes sentirte culpable por ello. De todas formas, si la situación que te estresa continúa en el tiempo y no puedes aún afrontarla con los recursos emocionales que dispones, basta con ponerte manos a la obra, dejar de normalizar lo que te está pasando y aprender a gestionar esos niveles de ansiedad para poder seguir con tu vida normal.

Artículo redactado por Marta Rodríguez.

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