Las partes desconocidas de nosotros mismos y el proceso terapéutico

Desde que nacemos, las influencias del medio van contribuyendo a dar forma a nuestra personalidad. En la infancia, nuestros padres corrigen o elogian nuestro comportamiento, mostrándonos cómo debemos comportarnos y qué conductas son motivo de castigo o reconocimiento. En etapas posteriores, tanto en el colegio como en las relaciones de amistad o la vida en pareja, continuamos recibiendo este tipo de “feedback”.

Las correcciones nos ayudan (quizá) a estar más adaptados, pero contribuyen también a que una parte de nosotros mismos empiece a hacérsenos más desconocida. Pero, ¿es posible prescindir de ciertas partes de nosotros mismos sin haber reflexionado acerca de las mismas y haberlas integrado en nuestra personalidad?

Supongamos por ejemplo, una persona dominante que debido a un tipo de educación, percibe que este rasgo es indeseable, y que no debería ser así. Dicha persona puede comenzar un proceso represivo de su dominancia, y adoptar con el fin de agradar, el polo contrario, es decir la sumisión. Ahora bien, esta misma persona sin saber por qué, de repente se siente muy excitada cuando percibe situaciones de dominancia en su entorno, o en la edad adulta tiende a reaccionar de manera desmedida frente a las exigencias de su jefe, sufriendo episodios de ansiedad, y quedando impresionado o confundido debido a estas reacciones, puesto que siempre se ha considerado una persona tan adaptable… Con el paso de los años puede plantearse estar en una dualidad y, por tanto, percibir un alto grado de disonancia que le hace sufrir episodios de ansiedad.

Este tipo de casos son más frecuentes de lo que pensamos, existiendo la necesidad de renunciar a ciertos impulsos personales en pos de una adaptación saludable, pero de pronto, en algún acontecimiento de la vida como puede ser un divorcio, un despido o un conflicto interpersonal, comenzamos a ampliar la percepción de nosotros mismos, descubriendo facetas que nunca antes nos habíamos parado a mirar. Es entonces cuando buscamos la posibilidad de entender el conflicto que nos aqueja y darnos cuenta de ciertos puntos que desconocemos de nosotros mismos. Este es el momento de plantearnos la opción de acudir a psicoterapia porque nos sentimos muy nerviosos, raros, incomprendidos, confusos o estamos inmersos en un proceso de crecimiento personal en el que deseamos avanzar.

Puede ocurrir que, en este momento de crecimiento volvamos a negar la parte “sufriente” de nuestra personalidad e intentar salir adelante poniéndonos una máscara, u optar por integrar esos aspectos ocultos que emergen durante el proceso terapéutico. Esta integración nos ayudará a completarnos y aceptarnos como personas. La integración de nuestras partes ocultas es un proceso de crecimiento y evolución.

¿A quién puedo acudir para comenzar o continuar mi proceso de crecimiento y evolución?

Los psicoterapeutas entrenados que han desarrollado su propio proceso de conocimiento personal, son los instrumentos idóneos para guiarte en tu proceso, ayudándote a reducir la tensión generada por las partes negadas. Todo ello contribuye a que desarrolles una personalidad coherente, estable y robusta.

Es esencial que en la psicoterapia encuentres un entorno de comodidad, una mirada de aceptación y respeto que se pone en juego en la relación terapéutica. El descubrimiento de ti mismo/a suele conllevar estados de nerviosismo, ansiedad, miedo, o tristeza, pero sólo transitándolos -con ayuda de un profesional cualificado- puedes aprovechar tu potencial y decidir con consciencia los próximos pasos a seguir en tu vida, aumentando tu responsabilidad subjetiva y la coherencia contigo mismo.

Solo desde una personalidad integrada y desde la aceptación, puedes llegar a la libertad de guiar tu vida habiendo conectado con tus deseos y tus miedos. ¿Y tú, te conoces lo suficiente?

Artículo redactado por Samuel Fernández-Salinero.