¿Cuáles son los estilos de apego y cómo se manifiestan?

El apego obedece a una necesidad biológica del bebé de permanecer cerca del cuidador, de quien necesita los cuidados básicos para sobrevivir. Mary Ainsworth diseñó una serie de experimentos donde pudo establecer tres tipos de apego. Sus características principales fueron los siguientes:

  • Apego seguro: los niños se sienten libres de explorar en una situación extraña y tras la separación del cuidador, viven el reencuentro de una forma tranquilizante y en seguida vuelven a jugar.

  • Apego inseguro evitativo: los niños exploran el entorno de forma incesante, y se muestran indiferentes ante la marcha y el regreso de la madre. No obstante, las respuestas fisiológicas demuestran reacciones de estrés. Los niños niegan el contacto emocional, con el fin de conseguir una relación más adaptada con los cuidadores incapaces de atender algunas emociones, como la tristeza.

  • Apego inseguro ambivalente: respecto a este tipo de apego se observan dos tipos de perfiles, un grupo de niños denominados enfadados, que muestran rechazo al cuidador tras el reencuentroy otro grupo denominados pasivos, que no atenúan su angustia cuando vuelven a reencontrarse con el cuidador. Ambos grupos se muestran preocupados respecto a la localización de su cuidador, experimentando una angustia abrumadora ante la separación.

  • Apego desorganizado (descubierto por Main): el niño percibe a su cuidador como peligroso y, ante su regreso, retrocede, se tira al suelo, patalea o se queda “congelado”. Este tipo de apego es el más patológico y complicado de resolver, y suele ser resultado de grandes situaciones de maltrato en la infancia.

Los estilos de apego tienden a ser estables en el tiempo, la clave de su desarrollo está en la comunicación y los hijos son los que se adaptan a las formas de crianza del cuidador. No obstante, a través de la psicoterapia se puede intervenir en la forma de vincularse de una persona, y, mediante una experiencia emocional correctora con el terapeuta, la persona puede lograr un apego seguro adquirido, a través del cual, al ser consciente de las peculiaridades y la historia vital propia, se logra mejorar la salud mental, tener una experiencia vital más plena y un ajuste óptimo al entorno.

Artículo redactado en colaboración con Samuel Fernández-Salinero San Martín. Psicólogo especialista en Psicoterapia Infantojuvenil en Centro CEDECA Psicología&Coaching.

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