Durante este verano mi hij@ ha estado pegad@ al móvil, al mando de la consola o a la tablet… ¿qué puedo hacer?

Aunque la mayoría de los jóvenes que utilizan la consola, la tablet o el móvil, no desarrollan ningún patrón de comportamiento que deteriora su funcionamiento personal, familiar, social o educativo, cada vez nos encontramos muchos más casos de comportamiento de uso “continuado o recurrente” vinculado a tres condiciones provocadas por un uso “normalizado” de este tipo de tecnología:

  1. Los padres y las madres no siempre encuentran la manera más eficaz de controlar este tipo de conducta en cuanto al inicio, frecuencia, intensidad, duración, finalización y contexto en que se juega o se utiliza el móvil, la tablet, la consola…
  2. Cuando los más jóvenes se aburren, se sienten desmotivados o desean evadirse, aumenta la prioridad que se otorga a los videojuegos, a chatear, conectarse a las redes sociales, encontrar un enchufe para cargar el móvil… frente a otros intereses vitales, responsabilidades y actividades cotidianas propias de su edad.
  3. Aunque insistamos en que “hay un tiempo para cada cosa”, aumenta el deseo de continuar con este tipo de conducta a pesar de tener conciencia de las consecuencias negativas (castigos, aislamiento, acceso a cualquier tipo de contenido, irascibilidad cuando les planteamos un límite, cuando se acaba la batería del móvil o cuando la conexión va muy lenta….).

Sin pretender dar la fórmula mágica (… que no existe en ningún caso), a continuación te presentamos algunas ideas clave en la relación padres/madres-hij@s y el uso de la tecnología:

  • No te resistas y acepta la tecnología, pues a tu hij@ le motiva mucho y es un medio para divertirse, aprender, comunicarse y desarrollar algunas actividades de su vida diaria.
  • Conoce las características de los videojuegos y las aplicaciones-App que usa tu hij@, compartiendo ese espacio con él/ella, e incluso, que te enseñe a jugar al juego o aplicación que más le gusta. Si conoces sus preferencias, aprovecha para inculcarle valores y poner aquellos límites que le protejan de contenidos inapropiados para su edad.
  • Ten interés en sus logros cuando comparte contigo sus puntuaciones en un juego: podemos reforzarle de manera positiva (Ej.: hacerle un comentario positivo que demuestre que te importa…) y, de esta forma, contribuir al desarrollo del autoconcepto que tiene de si mism@, imprescindible para construir su identidad, dependiendo algo menos de la aprobación de los demás. Este aspecto y otros muchos, son muy necesarios para aumentar su fortaleza psicológica y prevenir las dificultades emocionales.
  • Potenciar la comunicación asertiva dentro del sistema familiar, creando un clima cercano, accesible, comprensivo, sin olvidar poner límites con afecto y sin perder la autoridad (… tener autoridad no es lo mismo que ser autoritario…), para que se puedan expresar los sentimientos sin violencia o sin sumisión.
  • Negociar lo que es negociable, haciéndole sentir a tu hij@ partícipe de los pactos a los que habéis llegado, y no negociar lo que no es negociable. Debemos tener en cuenta que, de forma natural, tu hij@ siempre va a pedir más, y tu papel será el de limitar dichas peticiones.
  • Conseguir que interiorice tus valores y normas, pero que finalmente, tras su cuestionamiento cuando llega el momento, se cree su propio sistema de valores y su propio código de normas.
  • Conociendo ya sus preferencias, debes enseñarle a pensar y generarle pensamiento crítico para cuando acceda a internet o use la tecnología.

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