Podemos frenar las secuelas de los conflictos de pareja que se dan generación tras generación

Sin darnos cuenta y sin pretenderlo, los problemas de pareja “enquistados” o sin resolver pueden generar problemas emocionales y de conducta en los hijos, aunque tengamos la creencia de que se puede disimular porque “ya son muchos años así…”.

Algunas parejas dicen“mis hijos deben saber que la vida no es un camino de rosas y que no pasa nada si ven a sus padres discutir o gritarse de vez en cuando”. También creen que “si mi padre/madre era muy estricto, nunca les vi ningún gesto de amor hacia el otro… además, me gritaban/pegaban cuando me portaba mal, y yo no tengo ningún trauma por ello (que yo sepa..), entonces mis hijos no sufren por lo que nos ocurra en la pareja…”

Sin embargo, si los más pequeños son testigos y víctimas de los problemas de pareja, ¡¡¡¡aunque nunca se discuta delante de ellos!!!, este hecho interfiere generación tras generación en la normal imitación que hacen de sus principales referentes, afectando al desarrollo de su propia identidad, sus hábitos y sus relaciones interpersonales:

  • Los hijos tienden a imitar el “modelo problemático” paterno o materno, incluso cuando el conflicto es silente y sutil.
  • En los hijos se pueden generar problemas del desarrollo, de aprendizaje, emocionales o de conducta, ya que en el sistema familiar se deterioran las relaciones, aumentan las carencias afectivas, estados de confusión o rabia contenida, frialdad, celos, luchas de poder y una tensión acumulada por las escenas más violentas, aumentando su gravedad, la falta de disponibilidad parental, falta de mecanismos de defensa adaptativos, escasa autorregulación y control de impulsos, consumo de alcohol, trastornos psicopatológicos sin tratar, etc.
  • A su vez, les puede afectar a la calidad de la relación entre sus amigos, hermanos, compañeros de clase o con su propio/a novio/a, generando más rivalidad y conflictividad, creando así un mayor riesgo de conductas problemáticas por haber interiorizado un tipo de comportamiento y modelo de pareja, que luego repiten en sus propias relaciones.

¿Cómo pueden verse alterados los estilos de crianza generación tras generación?

  • Se aumentan las conductas de desaprobación hacia los hijos, la sobreexigencia, estando especialmente atentos a las conductas negativas, a los errores y reaccionando negativamente a los mismos.
  • Se disminuyen las conductas de aprobación hacia los hijos, pasando por alto sus conductas positivas, dejando de elogiar los progresos, potenciar sus talentos, proporcionar experiencias enriquecedoras para su vida, etc.
  • Se puede optar por sobreproteger, sobre-regalar objetos materiales, sobreestimular, no fomentar el sentido de responsabilidad sino las conductas inmaduras…
  • Puede que se desatienda la nutrición equilibrada de los hijos, sus rutinas o los hábitos de sueño, así como sus interacciones sociales, familiares u oportunidades de juego, aumentando el abuso del uso de dispositivos móviles, consolas, etc.

¿Cuáles son algunas de las manifestaciones más comunes que los hijos expresan para comunicar la necesidad de que se modifique la dinámica del sistema familiar?

  • Desobediencia, oposicionismo, explosiones de ira, muestras de rechazo, bajo rendimiento escolar, conducta disruptiva en el aula, búsqueda de conductas de riesgo en la adolescencia…
  • Sometimiento o sobreadaptación para cumplir expectativas de ambos referentes y no defraudar para intentar aliviar la tensión del hogar, cambio de hábitos, autoexigencia, somatización, trastornos del sueño o de la alimentación…

 ATENCIÓN: En muchas ocasiones, los hijos pueden llegar a desarrollar conductas problemáticas que mantengan a la pareja ocupados, desviando el conflicto y prolongando aún más la situación con tal de que permanezcan “unidos”.

Os invitamos a ver el siguiente video para que nos ayude a reflexionar acerca de lo que los hijos necesitan. Haz click en el siguiente enlace: https://youtu.be/gnG6XY0H2_U