TEL ¿CÓMO PUEDO AYUDAR?

El ser humano como ser social, tiene la necesidad de comunicarse. Su principal vehículo para satisfacer este objetivo es el lenguaje. Para esto, la persona nace con unas estructuras orgánicas que facilitan su adquisición, y junto con la interacción con su medio más cercano (social y familiar), es como lo aprende. Aun así, hay niños cuyo desarrollo lingüístico presenta algunas dificultades que van a marcar su desarrollo y aprendizaje.

El Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) es un conjunto de dificultades que experimentan algunos niños en su proceso de adquisición del lenguaje. Pueden hacerse presentes en sus diferentes componentes: fonológico, morfológico, semántico, sintáctico o pragmático, afectando tanto a la expresión como a la comprensión del niño.
Estas dificultades de expresión y comprensión del lenguaje pueden ser muy frustrantes tanto para el niño como para su entorno, haciendo que la convivencia con el problema se agrave y su gestión resulte más difícil. Aunque existen distintos subtipos de TEL (trastorno de la programación fonológica, dispraxia verbal, trastorno fonológico-sintáctico, agnosia auditivo-verbal, trastorno semántico-pragmático, trastorno léxico-sintáctico), podemos tener en cuenta algunas orientaciones generales que pueden ayudarnos a mejorar la comunicación con nuestro hijo para facilitarle el proceso.

No hay que olvidar que la familia es el primer núcleo de interacción del niño, además de mantenerse informados y actuar en conjunto con el colegio y con el profesional especializado que le esté ayudando a gestionarlo, es vital para ellos sentir que tienen el máximo apoyo, comprensión y paciencia por parte de sus personas de referencia.
Estas son algunas recomendaciones que pueden ayudarte a mejorar la comunicación que mantenéis juntos y a reforzar la confianza que tiene tanto en vosotros como en sí mismo:

  1. Háblale despacio y mirándole a los ojos.
  2. Trata de pronunciar correctamente sin exagerar ni gritar.
  3. Utiliza gestos naturales para facilitarle la comprensión.
  4. Adecúa la dificultad y la longitud de los mensajes al nivel del niño. Utiliza frases simples pero correctas.
  5. Evita enunciados interrumpidos o desordenados.
  6. Repite las oraciones si es necesario o reformúlalas para hacerlas más comprensibles.
  7. Favorece la comprensión con preguntas de respuesta cerrada (sí o no) o con preguntas que ofrezcan alternativas (¿Quieres mantequilla o mermelada?)
  8. Paciencia. Deja que el niño se exprese libremente y no respondas por él.
  9. Ten una actitud positiva frente al niño, reforzándolo positivamente y felicitándole ante sus progresos. El reforzamiento positivo es una de las armas más poderosas en el crecimiento personal.
  10. Evita siempre correcciones que tengan una connotación negativa, como “no es así”, “otra vez lo has dicho mal” o “hasta que no lo digas bien no te lo doy”. En vez de eso, repite la frase o palabra de forma correcta, de modo que le estés aportando el modelo correcto.
  11. Evita la sobreprotección. No adoptes conductas de sobreprotección. Fomentar su autonomía personal es la mejor forma de que vea que puede gestionar el problema y valerse por sí mismo.
  12. Potencia sus capacidades y celebra sus éxitos. Todos los niños tienen distintas habilidades, estimúlalas y poténcialas en la medida en que él quiera desarrollarlas, especialmente las habilidades lingüísticas. Recuerda que el nivel de exigencia tiene que estar acorde a su edad y sus posibilidades reales.
  13. Ayúdale a tener un mejor contacto con su entorno social. No verbalices sólo órdenes y demandas, expresa también sentimientos, experiencias, sensaciones, etc.
  14. No realices exclusivamente acciones directivas. Es muy importante conseguir que el niño participe e intervenga en las actividades de la vida familiar. Crea situaciones comunicativas donde el niño vea y oiga a la persona con la que habla, y donde se respeten ciertos espacios de tiempo en los que el niño se pueda expresar libremente sabiendo que está siendo escuchado y comprendido.
  15. Favorece el desarrollo del vocabulario y la motivación del niño estimulando su lenguaje en distintos lugares y contextos. (El supermercado, el tren, el cine, la piscina, etc.).
  16. Cuando pregunte por el significado de cualquier palabra, explícasela de forma sencilla, para que el niño pueda comprenderla; no le regañes porque tu consideres que es una palabra sencilla que se usa habitualmente. Después, intenta que realice una pequeña frase para que la incluya en su diccionario mental.
  17. Evita las burlas sobre lo que expresa y cómo lo expresa. Esto disminuirá, notablemente, la iniciativa del niño a la hora de expresarse.
  18. Deje que explore con distintos tipos de juegos y juguetes (puzles, cubos, juegos con sonido, etc.).

En definitiva, amor, comprensión, paciencia y sentido común. Lo mínimo que todos necesitamos para poder crecer y desarrollarnos sanos.

Escrito por Ana Plaza en colaboración con Marta Molinero.
Psicología en familia