La disciplina y el respeto a la norma

Es probable que en más de una ocasión nos hayamos preguntado sobre la necesidad de la disciplina en todos episodios de la vida y como puede afectar esta a las relaciones humanas, tanto en su efecto como en su defecto.

Y es cierto que la palabra ‘disciplina’ puede producirnos alguna animadversión. Pero, si nos fijamos en su etimología no tiene nada que ver con castigar, pues el concepto disciplina proviene del latín ‘disciplini’, y su significado es seguidor de un líder admirado o venerado.

Pensemos primero en cómo definir la disciplina: es la aceptación, de forma más o menos voluntaria, de una serie de normas para una mejor convivencia y la realización de un servicio de convivencia social, que busca como objetivo el respeto a la norma. La actitud que asegura el respeto a la directriz recibida es tener la disposición apropiada para cumplirla, al igual que actuar bajo el comportamiento correcto ante la falta de normas u órdenes.

La Disciplina positiva

La Disciplina positiva se puede concebir como una forma de vida, teniendo como principios básicos el respeto y el amor y se basa tanto en las necesidades de orden de los niños como en las de los adultos.

Podemos decir que la disciplina en positivo se confirma en los dos tipos de disciplina que podemos enumerar: la activa y la pasiva.

Damos por supuesto que en la disciplina activa es donde se remarca con más claridad la potenciación positiva, pues la persona que esté convencida de su cumplimiento, aceptara en cada momento el orden que le impone la norma.

Trabajando estos conceptos desde la infancia conseguiremos que el individuo se desarrolle de manera sana y feliz, consiguiendo hacer comprender que cada uno de nosotros somos responsables de nuestros actos y que toda acción tiene una consecuencia.

Esta pauta servirá como guía para aprender cómo debemos comportarnos y actuar en cada momento, otorgando más confianza al individuo, algo que de una forma interna le hace sentirse útil al objetivo común y le convierte en un buen colaborador del mando, acatando las leyes y entendiendo las razones y motivos de las decisiones que se deban tomar.

Aceptando las normas, enseñando a las personas a ser responsables, respetuosas y parte integrante de la sociedad en la que conviven, se consigue una variable de comportamiento lleno de recursos que ayudaran a que los individuos desarrollen importantes habilidades sociales de una manera respetuosa y potenciadora.

El uso de la disciplina positiva se hará efectiva a largo plazo tanto en niños como en adultos, a los cuales les enseñará a utilizar amabilidad y firmeza al mismo tiempo sin ser punitiva ni permisiva.

En la disciplina pasiva las reticencias de la persona y su falta de convicción, hacen que se resista a la colaboración y a la participación en la norma si esta no le es impuesta, por lo que intentará eludir responsabilidades y reclamar las ordenes de una forma concreta y clara, en busca de su bienestar personal y olvidando por completo la finalidad del servicio común.

Tenemos que considerar que la disciplina es necesaria en cualquier orden social, y se remarca en los colectivos humanos cuya finalidad primera es el servicio a la sociedad.

La voluntad de servicio apoyará y fomentará el concepto de disciplina creando una predisposición hacia el cumplimiento de la norma sin la cual la sociedad se vería seriamente comprometida.

Por  Juan Carlos García, Experto en Disciplina Positiva del
equipo de profesionales de Cedeca Psicología.