Tu relación de pareja durante la desescalada, ¿está saliendo reforzada o todo lo contrario?

Tu-relación-de-pareja-durante-la-desescalada,-está-saliendo-reforzada-o-todo-lo-contrario.-CEDECA-Psicología-Moralzarzal

Durante el confinamiento de estos últimos meses y ante la desescalada, es posible que algunos problemas de pareja «enquistados» o sin resolver hayan salido a la luz.

En tu caso, ¿qué has optado hacer? Intentar disimular porque «ya son muchos años así», no disimular en absoluto sino seguir con el «hacha desenterrada», aumentando así los niveles de tensión y distanciamiento emocional entre vosotros, o por el contrario, has optado por «ponerte manos a la obra» y resolverlos de una vez por todas.

Algunas personas que están en pareja piensan que «la vida no es un camino de rosas, no hay relaciones perfectas, al principio fue bonito y ahora es lo que hay. No pasa nada si discuto con frecuencia con mi pareja, si nos insultamos o nos gritamos de vez en cuando».

También hay otras personas que creen que no les afecta en absoluto a su relación de pareja ni tienen trauma alguno por el hecho de que «su padre o su madre fuera muy estricto/a, nunca viera entre ellos ningún gesto de amor hacia el otro, les gritaran o les amenazaran con cierta frecuencia, les retiraran el afecto cuando se portaban mal, les reprocharan lo mucho que se estaban sacrificando por ellos, etc.

Sin embargo, cuando las personas adultas estamos en pareja, habiendo sido testigos y víctimas de los conflictos de pareja sin resolver de nuestros padres, tanto si eran conflictos evidentes como si nunca discutían delante nuestra, este hecho interfiere generación tras generación en la normal imitación que hacemos de nuestros principales referentes. Afecta al desarrollo de nuestra propia identidad, al tipo de apego con las figuras que nos han cuidado, hábitos, estilo de crianza en caso de tener hijos nosotros, en la elección de pareja y en la forma de vincularnos con los demás. En ocasiones, como consecuencia de ello podemos llegar a:

  • Tender a imitar el «modelo problemático» paterno o materno, incluso cuando el conflicto era silente y sutil entre nuestros padres.
  • Generarse en nosotros problemas del desarrollo, de aprendizaje, emocionales o de conducta, si en el sistema familiar en el que hemos crecido con relaciones deterioradas entre nuestros padres, era frecuente experimentar carencias afectivas, estados de confusión o rabia contenida, frialdad, celos, luchas de poder, reproches constantes, tensión acumulada, etc. Todo ello se agravaba si experimentábamos además falta de disponibilidad parental, falta de límites, desprecios, falta de mecanismos de defensa adaptativos, escasa autorregulación emocional, escenas violentas y falta de control de impulsos, consumo de alcohol o trastornos psicopatológicos sin diagnosticar ni tratar correctamente.
  • Afectar a la calidad de la relación entre nuestros amigos, hermanos, compañeros de clase o con nuestras parejas, generando más rivalidad y conflictividad, creando así un mayor riesgo de conductas problemáticas porque hemos interiorizado un tipo de comportamiento y modelo de relación vincular, que sin darnos cuenta, luego repetimos en nuestras propias relaciones.

Si hemos experimentado todo lo anterior en nuestra infancia y adolescencia, en el caso de que tengamos hijos o tengamos pensado ser padres en un futuro, es importante que tengamos en cuenta lo siguiente:

¿Cómo pueden verse alterados los estilos de crianza generación tras generación y sin ser conscientes de ello?

  • Sin intención alguna, se podrían aumentar las conductas de desaprobación hacia los hijos, la sobreexigencia, y sin querer, estaríamos especialmente atentos a las conductas negativas, a los errores y reaccionando negativamente a los mismos.
  • Puede que sin darnos cuenta, tomarían protagonismo los chantajes emocionales, hacer sentir en deuda a los hijos por «todo lo que hacemos por ellos», falta de criterio a la hora de recompensar o castigar los comportamientos, creando así un contexto inestable y poco previsible.
  • Es posible que se disminuyeran las conductas de aprobación hacia los hijos, pasando por alto sus conductas positivas, dejando de elogiar los progresos, dejando de potenciar todos sus talentos o dejando de proporcionar experiencias enriquecedoras para su vida.
  • En ocasiones se optaría por sobreproteger, sobre-regalar objetos materiales, sobreestimular, no respetar los hitos evolutivos de los hijos, por lo que sin quererlo dejaríamos de fomentar la autonomía, el sentido de responsabilidad y, sin embargo, si estaríamos promoviendo conductas inmaduras cuando no corresponden por edad (falta de autodisciplina, falta de autorregulación emocional, etc).
  • Por muchos motivos y sin ser conscientes de las consecuencias, podríamos llegar a desatender la nutrición equilibrada de los hijos, sus rutinas o los hábitos de sueño, así como sus interacciones sociales, familiares u oportunidades de juego, aumentando el abuso del uso de dispositivos móviles, consolas, etc.

¿Cuáles son algunas de las manifestaciones más comunes que los hijos expresan para comunicar la necesidad de que se modifique la dinámica del sistema familiar que hemos aprendido de generación en generación?

  • A través de la desobediencia, el oposicionismo, explosiones de ira, muestras de rechazo, bajo rendimiento escolar, conducta disruptiva o búsqueda de conductas de riesgo en la adolescencia.
  • O a través del sometimiento o la sobreadaptación para cumplir las expectativas de ambos referentes y no defraudar para intentar aliviar la tensión del hogar, cambio de hábitos, autoexigencia, somatización, trastornos del sueño o de la alimentación.

ATENCIÓN: En muchas ocasiones, sin ser conscientes de ello, los hijos pueden llegar a desarrollar conductas problemáticas que mantengan a la pareja ocupados, desviando el conflicto y prolongando aún más la situación con tal de que permanezcan «unidos».

Os invitamos a ver el siguiente video para que nos ayude a reflexionar acerca de lo que los hijos necesitan. Haz click en el siguiente enlace: https://youtu.be/gnG6XY0H2_U

Por CEDECA Psicología y Coaching