Pasará un tiempo hasta que la «amígdala trague»

Los sanitarios están siendo nuestros veteranos de guerra durante la pandemia. CEDECA posicología Moralzarzal

En este momento agridulce, estamos ante un horizonte incierto, polémico y con giros inesperados en la hoja de ruta de la desescalada.

Comenzamos un estado de alarma que se prorroga desde el 14 de marzo, desbordados por una crisis sanitaria desde el primer día debida a una pandemia por Covid-19 y posteriormente por la aparición de nuevos coronavirus, adaptándonos a las medidas restrictivas de confinamiento por territorios en fases condicionadas por la curva epidemiológica, por requisitos exigidos y con un elevado impacto económico.

Nos enfrentamos día tras día a cifras dramáticas y sin definir de repuntes de fallecimientos, ritmos cambiantes de caídas y recaídas de contagiados, sin dejar de ajustar nuestras expectativas, temiendo perder nuestras ansiadas vacaciones, padeciendo pérdidas, decesos diarios sin precedentes, transitando y conviviendo con el riesgo a la enfermedad, miedo a contagiar a familiares, miedo a ser contagiados, pánico por un posible rebrote, conversando una y otra vez acerca de lo mismo y teniendo más presente que nunca la temida muerte…

El miedo siempre ha tenido mala fama, pero no podemos superar la fase 0 sin sentir miedo a la enfermedad, al contagio y a todas las consecuencias si no cumplimos.

La población general no llega a dimensionar lo que ha ocurrido estos últimos meses salvo los profesionales sanitarios de hospitales y residencias, sus familiares, cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, pacientes y familiares a su cargo, familiares de fallecidos que no pudieron despedirse del ser querido y los sectores de la población más vulnerables.

Los profesionales sanitarios han estado «a pie de guerra contra el coronavirus», mirando cara a cara a lo más temido, luchando contra verdades a medias, con exceso de información cambiante y confusa, yendo a remolque sin poder anticiparse, desprotegidos o sin Equipos de Protección Individual en condiciones, así como asumiendo grandes riesgos personales y familiares por cuidar a los pacientes.

Ha habido desde profesionales sanitarios más veteranos descolocados, indecisos y confundidos por lo que se les venía encima hasta estudiantes de enfermería y medicina que aún estaban en último curso haciéndose cargo de pacientes sin la suficiente supervisión.

Muchos sanitarios han estado «al pie del cañón», durmiendo fuera de sus casas por miedo a contagiar a sus familiares, sin poder abrazar a sus hijos durante semanas, y todos ellos son los que ahora están esperando a que su «amígdala se pueda tragar» la cantidad de situaciones inusuales y de crisis grave, acontecidas en tan corto periodo de tiempo, con tal nivel de desconcierto y con los recursos tan limitados. Es posible entonces, que comiencen a experimentar con más frecuencia algunos de estos síntomas:

  • Tener recuerdos traumáticos de los pacientes a los que no pudieron salvar, provocándoles una profunda tristeza en forma de llanto incontrolado, necesidad de aislarse y en algunos casos, baja autoconfianza.
  • Sentir que no hay tiempo para recuperarse del desgaste emocional de estos últimos meses, anticipar un posible rebrote y como consecuencia de ello, comenzar a experimentar crisis de ansiedad, sensación de nerviosismo, un estado constante de alerta y autosuficiencia, que les puede provocar insomnio, pesadillas y dificultades para que el sueño sea reparador.
  • También pueden sentirse más agitados, irascibles, irritados e incluso con un sentimiento de indefensión hasta el punto de “replantearse” su profesión.
  • La sensación de impotencia, de estar enfadados y sentir mucha frustración por cómo se ha procedido (Ej.: EPIS, «héroes tardíos que quieren salir en la foto», incumplimiento de las medidas de seguridad e higiene…).
  • Dificultades de adaptación a la hora de atender a pacientes con enfermedades más leves o de menor impacto para la salud.
  • Continuar con sentimientos de aislamiento, distancia física y emocional por el miedo a contagiar a familiares en situaciones de riesgo.
  • Sentir que la única responsabilidad que tienen es la de cuidar de otros, pero no dejarse cuidar, ni darse cuenta de la necesidad de descansar o pedir ayuda.
  • Sentimientos de incertidumbre y ansiedad anticipatoria por los casos que están por llegar a las consultas y el estado de gravedad que presenten.
  • Sentimientos de pánico o miedo paralizante que conlleven conductas de evitación, y en algún caso, hasta incluso necesitar bajas laborales.
  • Sentimientos de desrealización, estar en “modo automático”, despersonalización, pensamientos como “ya no voy a poder ser el de antes”, etc.
  • Sentimientos de culpa por mantener la creencia de no haber podido ayudar lo suficiente, por aquellos pacientes que nunca acudieron al hospital y fallecieron debido a otro tipo de enfermedad.

Aunque pueda parecer lo contrario, sentirte de este modo es normal, más aún si el profesional sanitario es veterano, estudiante o recién titulado.

De hecho, experimentar cierto nivel de ansiedad anticipatoria ha sido fundamental para afrontar las situaciones de riesgo de contagio en el entorno laboral y familiar, y a su vez, desempeñar su labor profesional con garantías de seguridad y calidad para sí mismo y para el paciente, así como con la mayor eficacia y eficiencia posibles con los recursos disponibles.

Todos ellos están siendo nuestros «veteranos de guerra durante la pandemia«, y merecen nuestro más sincero reconocimiento y gratitud.

Por CEDECA Psicología&Coaching